9 El rol del artista en el proceso de cambio
Por Mireya Baglietto
 

Acostumbrados a transformar el caos en génesis, sería deseable que los artistas de este fin de milenio se convirtieran en los grandes activadores de los procesos de cambio y transformación que irreversiblemente se precipitan sobre el planeta.

El compromiso con los cambios y las mutaciones genéticas de este milenio nos obliga a desarrollar nuevas estrategias para la creatividad plural. Para ello, es necesario que el artista reconceptualice su rol tradicional a fin de convertirse en el generador de nuevas perspectivas. Desde este lugar, su trabajo ya no sería sólo el de creador de objetos que expresen su propia creatividad, sino que su rol se convertirá en detonador de la creatividad de todos. El hacerse cargo de este compromiso, que no sólo implica una función artística sino también social, lo orientará hacia la creación de nuevos lenguajes, los que posiblemente estén más cerca del templo y del ritual que del producto de arte de museos.

El artista cuenta con recursos que le permiten desarrollar la protesta y el enfrentamiento con los valores establecidos y que, estos mismos valores, le permiten también apoltronarse dentro del sistema decadente. Por eso, en este momento de emergencia, sería fundamental que su creatividad trascendiera estos territorios para orientarse hacia otros recursos creativos. Los que si bien sabemos están contenidos dentro de la memoria genética del hombre y del planeta, necesitan ser develados y articulados desde nuevos lenguajes creativos. El acceso a esos espacios de la genética humana y planetaria requiere de un cambio radical en los propósitos del propio artista. Desde este lugar, ya no se trataría de apuntar al objeto de arte y a su trascendencia mediata o inmediata dentro de la historia; se trataría de crear nuevos caminos, nuevos lenguajes, los que permitirán acceder a territorios profundos de la conciencia humana.

Presuponiendo que dentro del hombre está dormida la conciencia de unidad, su despertar convertirá al artista en un verdadero agitador de nuevos valores para la paz y la integración planetaria y universal. De este modo, su tarea se sintetizará en la creación de nuevos vínculos que nos religuen con toda la especie humana, la naturaleza y el gran espacio del Universo. Más cerca del pensamiento holístico que del pensamiento dual y fragmentario, el artista contagiará su ser artista, provocando estados expandidos de conciencia que detonen y propicien sentimientos de implicación, integración y unicidad.