Acostumbrados a transformar el caos
en génesis, sería deseable que los artistas
de este fin de milenio se convirtieran en los grandes activadores
de los procesos de cambio y transformación que irreversiblemente
se precipitan sobre el planeta. |
El compromiso con los cambios y las mutaciones genéticas
de este milenio nos obliga a desarrollar nuevas estrategias para
la creatividad plural. Para ello, es necesario que el artista reconceptualice
su rol tradicional a fin de convertirse en el generador de nuevas
perspectivas. Desde este lugar, su trabajo ya no sería sólo
el de creador de objetos que expresen su propia creatividad, sino
que su rol se convertirá en detonador de la creatividad de
todos. El hacerse cargo de este compromiso, que no sólo implica
una función artística sino también social,
lo orientará hacia la creación de nuevos lenguajes,
los que posiblemente estén más cerca del templo y
del ritual que del producto de arte de museos.
El artista cuenta con recursos que le permiten desarrollar la protesta
y el enfrentamiento con los valores establecidos y que, estos mismos
valores, le permiten también apoltronarse dentro del sistema
decadente. Por eso, en este momento de emergencia, sería
fundamental que su creatividad trascendiera estos territorios para
orientarse hacia otros recursos creativos. Los que si bien sabemos
están contenidos dentro de la memoria genética del
hombre y del planeta, necesitan ser develados y articulados desde
nuevos lenguajes creativos. El acceso a esos espacios de la genética
humana y planetaria requiere de un cambio radical en los propósitos
del propio artista. Desde este lugar, ya no se trataría de
apuntar al objeto de arte y a su trascendencia mediata o inmediata
dentro de la historia; se trataría de crear nuevos caminos,
nuevos lenguajes, los que permitirán acceder a territorios
profundos de la conciencia humana.
Presuponiendo que dentro del hombre está dormida la conciencia
de unidad, su despertar convertirá al artista en un verdadero
agitador de nuevos valores para la paz y la integración planetaria
y universal. De este modo, su tarea se sintetizará en la
creación de nuevos vínculos que nos religuen con toda
la especie humana, la naturaleza y el gran espacio del Universo.
Más cerca del pensamiento holístico que del pensamiento
dual y fragmentario, el artista contagiará su ser artista,
provocando estados expandidos de conciencia que detonen y propicien
sentimientos de implicación, integración y unicidad.