6 Gestación del Arte Núbico
Por Mireya Baglietto
 

Por esos días, el único recurso era trabajar, jugar con materiales, crear texturas sin formas. Busqué matices, transparencias, tramas. El blanco pasó a ser casi una policromía. Blancos cálidos, blancos fríos, blancos que estaban al punto de ya no ser más blancos. Fue así que encontré millones de matices a los blancos.

Me situé concretamente en mi tarea, volví a hacerme cargo de la totalidad de mi lenguaje plástico para abordar las inquietudes que me acuciaban. Si embargo, me di cuenta que con sólo trabajar la materia no tenía la posibilidad de desentrañar los propósitos; fue así que realicé un "análisis" casi formal de las coordenadas desde donde siempre había construido mi obra y mi trabajo. Pude reconocer que eran las mismas coordenadas heredadas del Renacimiento, aquellas que encerraron la riqueza de un paisaje den-tro de un cuadro y las mismas que aprisionaron la estética sensorial de la naturaleza en un solo punto de vista. Era claro que desde allí no quería ni debía trabajar, porque esas eran exactamente las construc-ciones a superar.
Mi búsqueda se convirtió entonces en un camino retrooprogresivo que me llevó a explorar el movimiento, los ritmos, la danza y los silencios, los que incorporé para crear un nuevo modo de trabajo.

Por momentos volvía al plano del papel o de la tela para trazar una línea y realizar un dibujo y por otros, al espacio para colgar una piola o armar una escultura simple con un alambre. Me daba cuenta de que todo aquello que construía sobre el soporte plano me otorgaba una lectura con puntos de vista predeter-minados; en cambio, cuando creaba en el espacio, los puntos de vista se multiplicaban otorgando verda-dero protagonismo al movimiento y la mirada.
Arribé a la concepción de La Nube a través de diversas experiencias sensoriales que fueron determinando mi interés en trabajar con los elementos plásticos puros para que, despojados de todo planteo formal, se fueran organizando en respuesta a mi búsqueda subconsciente. En ningún momento quise representar ni evocar imágenes que cubrieran, por su sugerencia un planteo dialéctico, muy por el contrario, dejé que estas surgieran como un fenómeno meramente plástico.

El punto, la línea, el plano, el color y la materia, fueron desentrañados hasta llegar al desnudo, mientras convocaba una mayor carga energética que me recorrería el cuerpo y saldría a la manera de una nueva gestualidad. Paralelamente a esta búsqueda del accionar, fui haciendo la elección de los materiales, los que a su vez me aportaron características propias como el pliegue, la transparencia, las texturas, las tramas y otras tantas variables del oficio de las artes plásticas. El vínculo con los nuevos aspectos de la materia ya estaba definitivamente establecido. Mediante él logré ampliar mi conciencia sensoperceptiva y desde allí plasmé mis nuevas obras.
Organicé el soporte según me interesara para mi experiencia, y así como la línea del dibujo sobre un papel se hacía hilo en el espacio, las telas conformadas como planos se desplegaban sobre un soporte o marco vacío.

Trabajé durante un año en los fragmentos de papeles, telas, piolas, maderas, etc., que serían luego las partes que conformarían La Nube.

Todo esto me ordenó un camino para arribar a una imagen que está latente en mí creo que desde siempre: Un espacio Total, rico, plástico, activo, sensual, transparente, mórbido, sin gravedad, elevado, intenso, atemporal y dinámico. El tiempo y el espacio contactados en una sola cosa.
En un momento apoyé conscientemente un punto en ese espacio y de la energía necesaria para hacer del punto una línea, surgió en mi cuerpo el protagonismo sensible.
El punto al cual había llegado en mi búsqueda retroprogresiva volvió a crecer dimensionalmente; se convirtió de nuevo en línea, pasó al plano y del plano al espacio, aunque ya no para llegar al cubo sino para desplegarse libremente en otros espacios que luego se multiplicarían a través de la magia del espejo. Muy pronto y a causa de ese espejo entendí la virtualidad, ese territorio que transita entre lo real y lo imaginario, que convierte el arriba en abajo y que tanto puede multiplicar volúmenes como convertir un segmento lineal en una línea infinita. El espejo pasó a ser entonces un instrumento esencial para dinamizar y multiplicar la mirada, crear lecturas infinitas y desencajar radicalmente los viejos puntos de vista. También el espejo me mostró el valor de lo efímero y de esta manera pude darme cuenta de que lo efímero me conducía a valorar la impermanencia como una condición natural del eterno proceso evolutivo y en tanto no encontrara ningún elemento que anclase mi cognición, el viaje creativo se tornaba ilimitado.

A esta altura del proceso creativo, hoy considero
ya estaban echadas las raíces del Arte Núbico.