5 1980, relato de mi experiencia creativa
Por Mireya Baglietto
 

Retorno a un espacio sin tiempo

En 1980 comenzó a gestarse dentro de mi, esto que hoy es el proyecto núbico, invadida por al necesidad de construir nuevos caminos que hicieran un "puente" sobre esta cultura que, realimentada por los mis-mos errores de pasado, sigue destruyendo al ser humano a través del mismo ser humano. Me di cuenta que quería ir más atrás de lo conocido, provocar nuevas chispas detonantes de la comprensión.

Un día de verano de ese mismo año, un movimiento interno muy profundo me desencajó de la realidad cotidiana. Comencé a sentir que mi cuerpo no respondía a sus "mandos naturales" y que las palabras que articulaba tampoco respondían a aquello que querían expresar. Un estado de profunda confusión se superponía con otro de gran lucidez. Una nueva relación con el espacio y el tiempo parecía acontecer dentro de mí. Esa "novedad" me aproximaba a ciertas vivencias que años atrás me hicieran cuestionar "la verdad de las verdades" para colocar en su lugar la relatividad de las mismas. En esos años fui viendo que el marco de las verdades no era otro que el tiempo y el espacio donde estas acontecían.

Este constante cuestionamiento me mostraba el abismo que tenía frente a mí, el que únicamente podía trasponer por medio de un salto cualitativo en mi propia evolución.
En esos días sentía que una gran prisión estaba a punto de estallar. Era la prisión resultante de las coor-denadas newtonianas del tiempo y el espacio. Un cubo que oprimió y condicionó el pensamiento de occidente por más de quinientos años.
Al mismo tiempo comencé a carecer de puntos de apoyo. Me sentía flotar sin arraigo y casi sin huesos. Rechazaba toda estructura, pues cualquiera fuese, siempre me remitía a la rigidez de la estructura newtoniana.

El lenguaje de comunicación conmigo misma y con las otras personas se convirtió en viejo y obsoleto, pues sólo me permitía comprender un mundo plano con derecha y con izquierda, con arriba y con abajo. El error perceptivo saltó a la vista: estamos girando vertiginosamente por el inconmensurable espacio sideral.

Existían valores y factores socio culturales que confundían mi nuevo pensamiento, los dogmas, la lógica formal, la memoria educativa, el prejuicio por todo lo que fuera inmaterial y más aún por aquello que fuera irrepresentable. Desde lo más profundo de mi ser sintonicé el propio proceso evolutivo, descubriendo que para renovar nuestra vida sobre la Tierra era imprescindible sensibilizarse al TIEMPO y al ESPACIO para lograr comprender la ETERNIDAD. Comencé a valorar al máximo las cualidades de la mirada prístina y experimenté el gozo del autoconocimiento.

Fui aún más atrás, retrocediendo palmo a palmo hasta llegar al embrión del pensamiento, a una visión sin formas, a la comprensión ligada a lo inefable. Llegué al seno de la energía inmaterial y pasé las puertas de la comprensión sensible para entrar en un nuevo estado de mi mundo interno. Casi tocando la locura avancé sin referencias, dejando de lado todo aquello que me ligara al objeto o a su representación y me sumergí en un espacio sin nombre y sin perfume, un espacio, que como dijera Artaud, aún no tenía sitio en el espacio.