En los sistemas de culto del mundo antiguo, en la cultura egipcia
del 2000 antes de Cristo, en las creaciones religiosas de Asirios,
Caldeos y Persas, en la Grecia Pitagórica y más tardíamente
en el esoterismo clásico occidental, se ha hecho mención
al vocablo "iniciados". La iniciación tiene su
funda-mento en el acceso a misterios y conocimientos que permanecían
velados al resto de la comunidad. Los documentos encontrados y traducidos
por especialistas indican que el "iniciado" experimentaba
con-tactos, traspasando la frontera con lo conocido. Estas vivencias
transformaban su vida sin posibilidad de volver al estadio anterior.
Las iniciaciones se asemejan a revelaciones, a presenciar dioses
o espíritus sobrenaturales, aproxima-ciones a lo absoluto,
acceso a dimensiones superiores, conocimientos sobre los secretos
cósmicos más profundos sobre el devenir del alma y
su posterior abandono de la materia. Para que esto fuese posible,
ocurría en el adepto un salto cualitativo en su más
profunda raíz espiritual, guiándolo hacia otras dimen-siones.
Los antiguos magos y sacerdote pre-cristianos, para inducir a "la
espiritualidad" oficiaban ritos con sus máscaras y amuletos
en templos, altares y monumentos que hoy consideramos obras de arte.
Ahora bien, durante siglos, arte y religión fueron hermanos
gemelos. El siglo XX signado por graves trans-formaciones socio
culturales ofrece una nueva perspectiva que reubica al arte, ciencia,
espiritualidad y religión, generando nuevos campos de análisis.
¿Existe hoy una obra de arte que, superando el goce estético
proporcione un puente al espacio sagrado? ¿Comenzado ya el
siglo XXI contamos con un arte al límite de la experiencia
numinosa?
Estoy seguro que sí. Este nuevo arte que nos lega la artista
plástica Mireya Baglietto, se denomina Arte Núbico
y se experimenta en los llamados genéricamente Espacios Núbicos.
Surgidos y plasmados como resultado de la propia mutación
interior que Baglietto experimentó espontáneamente
a través de su bús-queda creativa.
Este estilo, podría conceptualizarse como más allá
del arte. Los Espacios Núbicos desbordan las ecuaciones de
gracia, belleza, sonoridad, materialidad y cromatismo generando
un espacio nuevo no verbalizable.
El experimentador se fusiona con la obra, se transforma en un protagonista
viviente de una experiencia transformadora y ontológica,
tal vez similar a la que experimentaban algunos iniciados en aquellos
rituales de pasaje.
El Arte Núbico parece ser una vía regia a la transformación
espiritual profunda, trans-individual y trans-empírica, con
predominio de sensaciones de ingravidez. En ellos se genera paradojalmente
sentimientos de "elevación celestial" y al mismo
tiempo de reconocimiento terrenal.
Atravesar los laberintos del recinto núbico con la ayuda
del espejo individual, es vivir la alegría de la des-materialización,
experimentar el propio cuerpo sin peso, liberado, alejado de las
presiones del mundo exterior. El experimentador concientiza ser
un cuerpo sutil en movimiento, cada vez más etéreo,
evanes-cente, flotante, habitando este punto central situado entre
el Cielo y la Tierra. Se acrecienta el sentimiento de reconocer
nuestra mínima densidad dentro de una estructura biológica
transformada, donde cuerpo y alma son lo mismo. El arte Núbico
aporta una indescriptible alegría vital que se expande más
y más hacia un no-tiempo, hacia la pureza, hacia la máxima
concreción que unifica el yo y el Universo.
La experiencia núbica es extra-simbólica, el cuerpo
se vive polidimensionalmente. La "inmaterialidad" es tan
fuerte y nítida, que como dijera el poeta, "cruzando
el firmamento, viajando al brillo de otros soles..."
¿De este tipo de experiencia hablaban los antiguos? ¿Es
el Arte Núbico un moderno ritual de pasaje?
El ser humano, hace dos o tres mil años, experimentaba la
iniciación en un contexto cerrado de carácter puramente
dogmático-religioso, oculto y sacerdotal. Hoy advenimos a
un nuevo tiempo histórico. Los dio-ses antiguos son ídolos
de museo y podemos afirmar que si el arte permite el acceso a otras
dimensiones de la conciencia, el Arte Núbico adquiere la
importancia de un auténtico rito de pasaje.
Varias veces realicé la experiencia de esos espacios, ellos
me proporcionaron un grado de conocimiento y de autoconocimiento
totalmente distinto a otras investigaciones y vivencias experimentadas
en mi bús-queda como investigador y hermeneuta. Gracias a
este arte conocí mundos nuevos, análogos quizá
a aquellos misterios iniciáticos que en el pasado se hallaban
abiertos sólo para los elegidos.
Sin dogmas, sin dioses y sin ceremonias ocultistas, la gran comunidad
planetaria cuenta hoy con este camino estético que, dispuesto
como un "moderno rito de pasaje" está abierto a
la espiritualidad de la nueva la sociedad emergente.*
Martín Vilar. Investigador y docente especialista en
antropología simbólica y estructuras arquetípicas.
|