Poco
tiempo antes, el objeto -leit motiv de mi ser artista- se había
estrellado contra el piso, haciéndose añicos en
su fastuoso protagonismo.
Con esta caída se modificaba simbólicamente la caída
del consumo, del dinero, del poder indiscriminado de la razón
sobre la intuición, del pen-samiento sobre el sentimiento,
de la materia sobre el espíritu, y de otra gran cantidad
de factores que día a día someten y degradan al
ser humano desde el anonimato de un poder perverso y discriminatorio.
En su estallido, el objeto dejaba lugar al espacio, al espacio
que me habita y al que habito desde las paredes de mi casa, de
mi país, del planeta, del Universo.
La inquietud me llevó a crear espacios que a su vez movilizaran
la participación creativa de los otros, espacios desencadenantes
de acciones nuevas, de mundos y universos donde el público
perciba su propia creatividad de percibir.
La necesidad de dar curso a este cúmulo de inquietudes
me hacía volver una y otra vez a la investigación,
a mis trapos colgados del techo, tirados prolija
y desprolijamente por el piso, a las tensiones que se generaban
entre mi cuerpo y las telas a través de simples movimientos.
Mi viejo taller de escultura, cerámica y pintura se convirtió
en un laboratorio para el desarrollo de la percepción.
Día a día el blanco aparecía con más
y más posibilidades. Densidad, tramas, transparencias,
direcciones e infinidad de variables plásticas comenzaron
a organizarse como un lenguaje
propio,
cuyos contenidos estaban implícitos en el lenguaje mismo.
Al poco tiempo se sumaron los espejos. Espejos para contemplar
el cielo, para reconocer la mirada.

Espejos para explorar lo opuesto y complementario de la propia
mirada crea-tiva. Espejos para desarticular el espacio y encontrar
en mi ojo las formas que exis-ten y a su vez no existen en la
"realidad ordinaria".
La virtualidad del espejo me dio herramientas prácticas
para comenzar a cumplir el viejo sueño de quitar la gravedad.
Fue muy bueno darme cuenta de que el mundo es una construcción
de la mirada y como tal es susceptible de ser modificado.
Poco
a poco las telas se convirtieron en los muros de mi estudio, en
el continente de las obras que ya nada tenían que ver con
los objetos pintados o esculpidos. Las nuevas obras fueron lisa
y llanamente la respuesta vivencial y sensorial de todos y cada
uno de los protagonistas que transitan el espacio creado.
La resultante final es el Arte Núbico, una propuesta que
acaricia los sentidos y aproxima a una comunicación directa
y sensible con la Creación.