"... A través de la cerámica y a lo largo de 20 años,
la artista ha experimentado vitalmente con el fuego
y el barro, que son su cuerpo, el ritmo evolutivo
del Universo, que se organiza al desintegrarse...
En el año 1980 Baglietto se sumerge en una
búsqueda sin término que, de la manipulación
de la materia física, de los espacios pétreos
del barro, pasa a los procesos, también
alquímicos, de la integración-disgregación
con materias etéreas, livianas, de espacios continentes, donde el objeto de arte se destruye
y recrea dejando su lugar a la vivencia del participante, a las puras emociones del existir, a la eternidad
del placer que dura apenas un instante.
Ella nos pone directamente en contacto con la eternidad viva de la afectividad, donde la energía
que somos se concentra y sustrae al devenir cósmico desde la inasible sustancia inexpresable.

Máxima aspiración del arte y de la vida:
el Arte como éxtasis continuo."


Arturo Álvarez Sosa, 1980

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hay que sacar la gravedad

Hay que sacar la gravedad, me repetí una y otra vez. Porque con sólo sacar la gravedad -energía gravitatoria- se puede cambiar, de un plumazo, la vieja concepción tempo-espacial que desde hace cerca de 500 años domina nuestro sistema occidental de comprensión del mundo.
Una y otra vez me pregunté: ¿Sacar la gravedad?
¡Por favor, qué disparate!
Sin embargo, a los pocos días me encontraba sumergida en los comienzos de una profunda investigación que me llevaría a la creación de insólitas aventuras espaciales.
MB, 1980


Poco tiempo antes, el objeto -leit motiv de mi ser artista- se había estrellado contra el piso, haciéndose añicos en su fastuoso protagonismo.
Con esta caída se modificaba simbólicamente la caída del consumo, del dinero, del poder indiscriminado de la razón sobre la intuición, del pen-samiento sobre el sentimiento, de la materia sobre el espíritu, y de otra gran cantidad de factores que día a día someten y degradan al ser humano desde el anonimato de un poder perverso y discriminatorio.
En su estallido, el objeto dejaba lugar al espacio, al espacio que me habita y al que habito desde las paredes de mi casa, de mi país, del planeta, del Universo.

La inquietud me llevó a crear espacios que a su vez movilizaran la participación creativa de los otros, espacios desencadenantes de acciones nuevas, de mundos y universos donde el público perciba su propia creatividad de percibir.
La necesidad de dar curso a este cúmulo de inquietudes me hacía volver una y otra vez a la investigación, a mis trapos colgados del techo, tirados prolija
y desprolijamente por el piso, a las tensiones que se generaban entre mi cuerpo y las telas a través de simples movimientos. Mi viejo taller de escultura, cerámica y pintura se convirtió en un laboratorio para el desarrollo de la percepción.

Día a día el blanco aparecía con más y más posibilidades. Densidad, tramas, transparencias, direcciones e infinidad de variables plásticas comenzaron a organizarse como un lenguaje propio, cuyos contenidos estaban implícitos en el lenguaje mismo. Al poco tiempo se sumaron los espejos. Espejos para contemplar el cielo, para reconocer la mirada.

Espejos para explorar lo opuesto y complementario de la propia mirada crea-tiva. Espejos para desarticular el espacio y encontrar en mi ojo las formas que exis-ten y a su vez no existen en la "realidad ordinaria".
La virtualidad del espejo me dio herramientas prácticas para comenzar a cumplir el viejo sueño de quitar la gravedad. Fue muy bueno darme cuenta de que el mundo es una construcción de la mirada y como tal es susceptible de ser modificado.

Poco a poco las telas se convirtieron en los muros de mi estudio, en el continente de las obras que ya nada tenían que ver con los objetos pintados o esculpidos. Las nuevas obras fueron lisa y llanamente la respuesta vivencial y sensorial de todos y cada uno de los protagonistas que transitan el espacio creado.

La resultante final es el Arte Núbico, una propuesta que acaricia los sentidos y aproxima a una comunicación directa y sensible con la Creación.



"... La desacralización del objeto de arte, la sustitución del observador por el participante como creador, el cambio de mirada, la relativización del valor del límite, la exaltación de la vivencia, no son meros planteos intelectuales que quedan aislados de la obra, sino que son las estructuras sobre las que se arman los Espacios Núbicos, son las íntimas convicciones desde las que Mireya Baglietto trabaja, partiendo del lenguaje de la plástica en un trayecto hacia la pluralidad creativa, en pos de una relectura sensible
de la Creación."
Herminia Solari


"Así con Las Nubes, Mireya Baglietto rompe
con la exterioridad de la obra de arte
y nos sumerge en un nuevo espacio-tiempo
que se recrea infinitamente con nuestras
incursiones, para lanzarnos a la búsqueda
incansable de nosotros mismos.
Se trata de una nueva concepción de la realidad donde ya nada es eterno y todo está
en permanente cambio..."

Arturo Álvarez Sosa

 

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